Inscripción del templo de Delfos

El ensueño, el sueño y el Extasis son las tres puertas abiertas al más Allá, de donde nos viene la ciencia del alma y el arte de la adivinación. La evolución es la ley de la Vida. El número es la ley del Universo. La unidad es la ley de Dios.

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viernes, 27 de noviembre de 2009

Un mandala y una historia

Deseando curación y armonía.

Para todos aquellos que sufren una enfermedad o alguna angustía. Hoy estuve pensando en las personas que sufren de cáncer y en los familiares, amigos y amigas que se han ido por alguna enfermedad.

A pesar que la muerte debe de ser visto como algo natural, no soporto ver a la gente que sufre cuando se encuentra enfermo u enferma. Muchas veces el dolor es extremo y los medicamentos en vez de sanar muchas veces empeoran la situación. En otros casos sólo es un paliativo.

Todos mis buenos deseos fueron volcados en el mandala. Dedicado a todas las personas que sufren.

El eterno optimista

Hemos tenido la suerte de tener tres hijos varones.
Cada uno de ellos nos aportó un gozo especial, cada uno con su personalidad propia. Pero a Billy, el segundo, lo apodamos cariñosamente "el eterno optimista". Nos gustaría poder atribuirnos el mérito de esa actitud, pero es algo que trajo al nacer. Por ejemplo: siempre se levantaba temprano, a las cinco de la mañana y se metía en nuestra cama. Nosotros le recomendábamos que se quedará quieto y siguiera durmiendo. Entonces el se tendía de espaldas, diciendo en un falsete susurrante:

-Vamos a tener una linda mañana. Los pájaros están cantando.

Cuando le pedíamos que no nos hablara, replicaba;

- No estoy hablando con ustedes. Hablo conmigo.

En el jardín de infantes le pidieron que dibujara un tigre.

Ahora bien: si el optimismo es el punto fuerte de Billy, no se puede decir lo mismo de las artes plásticas. Su tigre salió con la cabeza torcida y un ojo que parecía cerrado. Cuando la maestra le preguntó por qué el tigre tenía un ojo cerrado, él respondió:

- Porque está diciendo: ¡Te estoy mirando, nene!

A los cinco años se trabó en discusión con su hermano mayor, la cuestión era si un hombre que salía por televisión era calvo o no. Billy dijo:

- No es calvo. Es como papá. Sólo es calvo cuando viene pero cuando se va tiene mucho pelo.

Estos recuerdo y muchísimos más condujeron al colmo del optimismo. Un martes, Tanner, nuestro hijo menor, sufrió un síndrome de uremia hemolítica y falleció el domingo siguiente. Por entonces Billy tenía siete años. Por lo general, después de acostar a Billy yo me quedaba un rato tendida a su lado para conversar de lo sucedido en el día. La noche después de los funerales permanecimos callados en la oscuridad; no había mucho que decir. De pronto Billy dijo:

-Lo lamento por nosotros, pero casi lo lamento más por la otra gente.

Le pregunté a quiénes se refería y él explicó:

-La gente que no conoció a Tanner. Nosotros tuvimos la suerte de tenerlo en casa por veinte meses. piensa en todos los que no pudieron conocerlo. realmente, hemos tenido muchísima suerte.

Beth Dalton
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